4. Réplica a Un Amigo | Entre la Excepción Imaginada y el Rigor de los Datos Públicos
Un derecho de petición, una tutela y una impugnación
El ascensor del Palacio Municipal volvió a funcionar el 23 de septiembre de 2026. Estuvo parado desde febrero. Esta es la crónica de lo que costó.
2:50 de la tarde
Pasé por la Alcaldía y vi el ascensor prendido. Mi primera reacción fue de fe ciudadana: «vé, ya cumplieron». La segunda fue de veedor: «no creo tanta belleza, voy a ensayarlo».
Oprimí el botón de subir. El tablero mostraba el ascensor en el tercer piso, quieto. Esperé cinco minutos. Nada. Subí por las escaleras a ver qué pasaba allá arriba y ahí estaba la respuesta...la puerta del tercer piso había quedado abierta, y con esa puerta abierta el ascensor no funciona en ningún piso.
Llamé al encargado de los equipos mecánicos. Su respuesta fue entusiasta: «el ascensor ya está bien, acaba de irse el técnico». Le dije que no, que había quedado mal. No me creyó. Le propuse algo revolucionario en materia de control de calidad... que bajara al segundo piso y tratara de subir. Lo hizo. Me dio la razón.
Llamaron otra vez al técnico. Regresó, revisó, comprobó que en efecto no servía, destapó el equipo, hizo lo que tenía que hacer, y el ascensor funcionó. Me quedé probándolo varias veces, porque la fe es linda pero la verificación es mejor. Ahora sí sube.
La pregunta que me quedó dando vueltas no es «qué bueno que ya sirve». Es esta: ¿y si no paso yo a las 2:50? El técnico ya se había ido. El encargado ya lo daba por entregado. El ascensor habría quedado registrado como reparado y averiado al mismo tiempo, que es una proeza administrativa difícil de igualar.
La cronología, que es el verdadero chiste
Para entender por qué un ciudadano termina haciendo las pruebas de recibo de un contrato municipal, hay que mirar las fechas. Todas salen de documentos oficiales, casi todos aportados por la propia Alcaldía ante un juez.
Febrero de 2026. El ascensor se daña. Sin aviso, sin cartel, sin plan.
En este lapso de tiempo fuí varias veces a preguntarle al Secretario de Gobierno: "¿Que pasa con el ascensor?". "Estamos en las gestiones para su arreglo, Usted entiende todos los tramites que hay que hacer, pero eso ya esta en la Secretaria de Infraestructura". Iba a Infraestructura, "Aqui no han traido los documentos necesarios para dar inicio". Y asi fueron varias veces de aqui para allá y de allá para aca. Le estaban tomando el pelo al adulto mayor discapacitado que se habia tomado prestada la voz de los discapacitados de Guasca. Ante esto...
19 de mayo. Radico un derecho de petición verbal ante la Personería. Tres preguntas: qué pasó, cuándo lo arreglan, qué hacen mientras tanto.
28 de mayo. La Secretaría de Gobierno, Seguridad y Convivencia Ciudadana responde que «actualmente se adelantan las gestiones administrativas contractuales necesarias» y que el cronograma se definirá «una vez se cuente la adjudicación contractual».
Se supone que el tramite se estaba adelantando los meses de mayo, junio y julio, pero NO.
4, 5 y 6 de agosto. Aparecen los primeros papeles del trámite: la solicitud de disponibilidad presupuestal, la certificación del almacén y el certificado de disponibilidad presupuestal. Tres documentos en tres días.
Deténgase aquí conmigo. Las gestiones que «actualmente se adelantaban» el 28 de mayo dejaron su primera huella documental el 4 de agosto. Sesenta y ocho días después. No voy a decir que me tomaron del pelo. Voy a poner las dos fechas una al lado de la otra y me retiro lentamente.
24 de agosto. Presento acción de tutela.
25 de agosto. Me niegan la medida provisional.
26 de agosto. El Concejo me cita como veedor de salud, al recinto del segundo piso. Subo las escaleras a pulso y coloco la problematica ante el Concejo Municipal.
8 de septiembre. El fallo de primera instancia niega el amparo, entre otras razones porque la Alcaldía sostuvo que existía una alternativa de atención en el primer piso. Alternativa que que no tiene aviso, ni ventanilla, ni funcionario asignado, ni acto administrativo que la cree.
10 de septiembre. Impugno. Es trasladado el proceso a Gacheta.
23 de septiembre. El ascensor funciona.
No afirmo que una cosa causó la otra. Solo observo que el trámite que llevaba seis meses inmóvil se puso en marcha en agosto, y que el equipo quedó funcionando trece días después de radicada la impugnación. Es una coincidencia con un sentido del tiempo notable.
El nuevo manual de gestión pública
De todo esto se desprende un procedimiento que ofrezco gratis a cualquier vecino que necesite mover un trámite en el municipio.
Insumos requeridos para ejecutar un contrato de $2.885.750... un derecho de petición, una acción de tutela, una impugnación de fallo, ocho meses de espera y un ciudadano dispuesto a oprimir el botón y discutir con el encargado.
Tiempo real de trabajo de la administración, una vez decidió actuar... tres días de papeleo en agosto y una visita técnica en septiembre.
Resulta difícil sostener que el problema era la complejidad del proceso contractual. Un trámite que se surte en tres días no tarda seis meses por razones técnicas. Tarda seis meses porque nadie lo empuja. Y cuando el ciudadano es el único empujando, lo que falla no es el ascensor... es el sistema de prioridades de la administración.
Lo que sigue sin arreglarse
Celebro que el ascensor funcione. No celebro cómo llegamos hasta aquí, y hay tres cosas que siguen exactamente igual que en febrero.
No hay verificación. Lo de hoy lo demuestra... la intervención se dio por terminada sin que nadie probara el equipo. Un acta de recibo a satisfacción debería exigir prueba funcional documentada. Aquí la hizo un ciudadano de 66 años, por su cuenta, y tuvo que insistir dos veces para que le creyeran.
No hay plan para la próxima vez. Los ascensores se vuelven a dañar. No existe protocolo de contingencia, ni mantenimiento preventivo contratado con cronograma, ni un responsable identificado de reportar la falla el mismo día.
No existe la atención alternativa. La Alcaldía le dijo a un juez que hay atención accesible en el primer piso. En el primer piso no hay aviso, ni punto habilitado, ni funcionario asignado. Y aunque lo hubiera, sigue sin resolver el punto más obvio... el Concejo Municipal sesiona en el segundo piso, con once(11) concejales y su secretaría, y ningún ciudadano puede pedirles que bajen al segundo piso para ejercer su derecho a intervenir.
Por eso la impugnación sigue en pie. Que el ascensor suba hoy no significa que el derecho esté garantizado mañana.
Conclusión
Durante ocho meses, las personas con discapacidad, los adultos mayores y quien llegara en silla de ruedas al Palacio Municipal de Guasca no tuvieron cómo llegar al Despacho del Alcalde, a la Personería, a la Inspección de Policía, a la Oficina de Contratación ni al recinto del Concejo. Hoy ya pueden. Eso es una buena noticia y hay que decirlo.
Pero que un ciudadano haya tenido que presentar tres escritos ante tres instancias, subir una escalera a pulso y quedarse oprimiendo el botón para comprobar el trabajo de un técnico, no es participación ciudadana. Es suplencia. Es el ciudadano haciendo el control de calidad que la administración no hizo.
Doy gracias a DIOS, por ser tan intenso. Pero un municipio no puede depender de que a alguien le dé por ser intenso.

