Manual práctico —en seis pasos— para convertir un grupo de compraventa municipal en una aduana ideológica. Cualquier parecido con lo ocurrido en un chat de Guasca es exactamente eso.
ADVERTENCIA PREVIA
Este texto no discute si el señor Nelson Romero es buena o mala persona. Discute una doctrina que él tuvo la generosidad de enunciar con una claridad que rara vez se consigue en la literatura especializada: «Progresista apoya Progresista ellos ya tienen mucha son estrato 5 y 6 no necesitan de la plata de los mas marginados». En una sola línea, sin cualificadores, sin salvedades y sin cifras. Un hallazgo. Vamos por partes.
PASO 1. REBAUTICE LA CRÍTICA COMO «ODIO»
Alguien comparte un video con un rótulo agresivo y añade una generalización sobre un colectivo. Usted podría responder que el video es falso, o que la cifra está mal, o que el rótulo es tramposo. Pero eso obliga a traer datos, y los datos son caros. La ruta económica es otra: «deje de estar compartiendo odio».
La maniobra tiene nombre técnico —definición persuasiva— y una eficacia notable... cambia el objeto de la evaluación. Ya no se discute si lo que dijo es verdadero, sino qué siente el que lo dijo. Y contra un sentimiento no hay refutación posible, lo cual es precisamente la gracia. Aplicada de manera consistente, esta regla convierte cualquier crítica al gobierno en patología emocional y, de paso, jubila al periodismo, al control político y al análisis territorial completo. Que es un ahorro considerable para el municipio.
PASO 2. EXIJA INVESTIGAR. NUNCA INVESTIGUE
La instrucción textual es «primero investigue antes de juzgar», precedida de «primero enterese de cuantas ayudas han promovido las personas». Impecable. Solo falta un detalle...el número.
¿Cuántas ayudas? ¿De qué programa? ¿Con qué presupuesto, qué cobertura, qué focalización, qué informe? El mensaje que exige investigar no aporta un solo dato verificable, y añade como credencial que el otro «no fue al empalme» —un empalme local invocado para descalificar una opinión sobre política nacional—. Es la autoridad por asistencia... solo puede opinar quien estuvo en la reunión, y quién estuvo en la reunión lo decide quien la convoca. Un sistema cerrado, elegante, y del todo inservible para saber si algo es cierto.
Sugerencia procedimental... cuando alguien le imponga a usted un estándar de prueba, aplíqueselo a él en la frase siguiente. Suele bastar.
PASO 3. DESCUBRA EL ESTRATO
Aquí llega la pieza maestra: «son estrato 5 y 6». Con eso queda establecido que sobra la plata y que la papelería es un capricho.
Conviene recordar qué mide el estrato... es una clasificación de la vivienda para el régimen de subsidios y contribuciones de servicios públicos domiciliarios. No mide ingreso. No mide patrimonio. No mide el margen de un negocio, ni su nómina, ni sus cuentas por pagar, ni cuántos meses aguanta con las ventas caídas. Confundir el estrato con la riqueza —y la riqueza con la utilidad de una papelería— son tres equivocaciones de categoría encadenadas, sostenidas sin una sola verificación de que los comerciantes señalados sean, en efecto, estrato 5 y 6.
La ironía adicional... en el mismo mensaje se afirma que su clientela es estrato 1, 2 y 3. O sea que el diagnóstico completo —quién es rico, quién es pobre y quién le debe lealtad a quién— se hace con la misma tabla de servicios públicos que el propio autor probablemente no consultó.
PASO 4. HAGA LA LISTA
Textual: «deberían comprar en otra parte personas desagradables en lista».
Antes de seguir, concedamos lo que hay que conceder, y en voz alta... cada quien compra donde le da la gana. Nadie está obligado a darle su plata a quien lo insulta, y el consumo con criterio político tiene una historia larga y respetable. Ese punto es suyo y no se lo discute nadie.
Pero esa no es la propuesta. La propuesta es que el administrador del principal canal comercial del municipio elabore una lista de personas «desagradables» y convoque a desviar la clientela. Y ahí las preguntas dejan de ser retóricas...¿quién redacta la lista? ¿Qué frase lo mete a uno? ¿Cómo se sale? ¿Rige también para los afines que insultan al otro lado? ¿Se notifica al enlistado o se entera cuando le bajan las ventas?
En un municipio con dos o tres papelerías, «compre en otra parte» no es una decisión íntima de conciencia...es una sanción económica coordinada desde el lugar donde se concentra la información comercial del pueblo. La diferencia entre el consumo consciente y la lista negra no está en el gesto; está en quién tiene el megáfono y quién queda anotado.
PASO 5. PÁSELE LA FACTURA AL ESTRATO 1
Este es el paso donde el manual se muerde la cola, y vale la pena hacerlo despacio.
La justificación declarada del boicot es proteger «la plata de los mas marginados». La gente compra en esos negocios porque venden más barato. Luego, si el estrato 1, 2 y 3 obedece la instrucción y compra en otra parte, quien paga la diferencia de precio es el estrato 1, 2 y 3. El comerciante presuntamente estrato 6 pierde un margen; la señora que compra los cuadernos de sus hijos en febrero pierde plata que no tiene.
Es un boicot regresivo... se financia con el bolsillo de aquellos en cuyo nombre se convoca. Y no hace falta traer ninguna teoría externa para demostrarlo... basta aplicar hasta el final el criterio de justicia que el propio autor invoca. Si de verdad se trata de defender al que menos tiene, el primer damnificado de la medida es el que menos tiene.
PASO 6. EXPULSE AL TESTIGO
El manual se cierra con el paso administrativo. En la misma conversación se había leído, con toda solemnidad, que hay que «romper el ciclo del odio» y orar por quienes nos hacen daño (Mateo 5:44), y se había reprochado a los «promotores de discordias y división». Quince minutos después...lista de personas desagradables, mercado segregado por bandería y expulsión de quien objetó.
Es decir... para condenar que se clasifique despectivamente a un colectivo, se clasifica despectivamente a un colectivo. Para denunciar la división, se divide el comercio del municipio. El remedio ejecuta la enfermedad con una fidelidad que ya quisieran muchos tratamientos.
Un punto de honestidad, porque si no este texto sería otro panfleto... el grupo es suyo y puede administrarlo como quiera. Expulsar a alguien de un chat privado no es censura, es derecho de asociación, y quien escribe no está reclamando el reingreso. Lo que sí queda planteado es el doble rasero... el video político se quedó, la defensa de un negocio familiar salió. Una regla que solo se activa en una dirección no es una regla; es una preferencia con uniforme.
LO QUE SÍ HAY QUE CONCEDERLE
Tres cosas, y no son de cortesía.
Primera... el detonante no era inocente. Publicar en un grupo de compraventa que «los petristas» son incoherentes y avaros es una generalización sobre un colectivo, sin datos, en un canal que no es para eso. Reclamarlo es legítimo —y es exactamente el mismo reclamo que cabe hacerle a quien después usó el canal para organizar un boicot.
Segunda...«entérese de cuántas ayudas han promovido» apunta a algo verificable y pertinente. Si el video acusa de falta de empatía, la ejecución de los programas sociales es el dato que corresponde. El defecto no está en la pregunta... está en que quien la formula no la responde.
Tercera... un comerciante que llama avaro a un colectivo del que vive asume un costo reputacional real, y sus clientes pueden legítimamente tomarlo en cuenta. Libertad de opinar la tiene él; libertad de comprar donde quiera la tiene el cliente. Lo que no existe es la libertad de administrar la lista de los demás.
CONCLUSIÓN
Quítele a la doctrina el tono de indignación y queda una sola premisa... que la relación comercial es un vínculo de lealtad política y no un intercambio económico. Que comprar es premiar, que vender obliga a callar, y que la plata del pobre le pertenece por derecho al que piensa bien. Enunciada así, sin adornos, nadie la firmaría. Enunciada como defensa de los humildes, la firmaron varios esa mañana.
Por eso conviene insistir en lo que aquí no se está diciendo. No se está pidiendo que nadie deje de comprarle a nadie —sería repetir en espejo exactamente lo que se critica—. No se está discutiendo el carácter de una persona. Se está señalando una práctica... enlistar vecinos por lo que opinan y cobrarle el castigo al que menos tiene. En un municipio pequeño, donde todos nos vamos a seguir encontrando en la plaza, esa práctica hace más daño acumulado que cualquier video reenviado.
El mercado del pueblo es de todos. Ni aduana ideológica, ni lista de desagradables, ni peaje de pureza. Que cada quien compre donde quiera y opine lo que quiera, y que el precio lo fije el precio.
Nota del autor: en la conversación original respondí que dañar un negocio familiar por diferencias políticas «es de quinta». Lo sostengo como juicio moral, pero reconozco que es un juicio sobre la conducta y no un argumento. Este texto es el argumento.
