martes, 30 de junio de 2026

Cepeda Contra Un Fantasma | Un Paso en Falso

 

"Los necios
 están seguros de todo; 

los sabios,
 llenos de dudas"
 Bertrand Russell


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ACTUALIZACIONES:

1.

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Cepeda contra un fantasma

Introducción

Antes de que De la Espriella se siente en la Casa de Nariño, ya hay quien amenaza con desconocerlo. La excusa es que entregaría la soberanía al sumarse al «Escudo de las Américas» de Trump. Basta abrir la Constitución para ver que no hay tal.

Empecemos por lo obvio, que es lo que la indignación suele saltarse. No hay nada decidido.

De la Espriella ganó la elección, pero todavía no es presidente; lo será el 7 de agosto. Hasta entonces no firma tratados, no compromete a un solo soldado, no obliga al país a nada, sencillamente porque no tiene con qué. Lo que hubo fue un anuncio, una declaración de hacia dónde quiere llevar la política exterior. Y un anuncio no amarra a Colombia a nada. El propio Cepeda lo confiesa sin querer cuando llama «ambiguo» al mecanismo, está denunciando un papel que aún no se ha escrito.

Vale la pena recordar cómo se hacen las cosas en este país. El presidente maneja las relaciones internacionales, de acuerdo, pero ningún tratado vale en Colombia hasta que el Congreso lo aprueba por ley y la Corte Constitucional lo revisa antes de que entre a regir. Y si de lo que hablamos es de tropas extranjeras pisando suelo colombiano —que es lo que de verdad tocaría la soberanía—, eso ni siquiera lo decide el presidente, lo tiene que autorizar el Senado. Está escrito en la Constitución; no es opinión mía.

Entonces, ¿de qué entrega de soberanía hablamos? 

Para que De la Espriella «entregara» el país habría que pasar por encima del Congreso, de la Corte y del Senado, y eso no ocurre con un discurso. Si algún día lo intentara en serio, el remedio está a la mano y está dentro de las reglas... el Congreso le niega la ley, la Corte tumba lo que sea inconstitucional, el Senado no autoriza tropa extranjera, y los ciudadanos le pasan la cuenta en las urnas. Para eso existen las instituciones.

La verdadera amenaza

Y aquí está lo que de verdad me preocupa de todo este episodio. Cepeda no propone usar ninguno de esos caminos. Propone la desobediencia civil...es decir, desconocer de antemano a un presidente que eligieron casi trece millones de colombianos, por algo que todavía no ha hecho. Llamemos las cosas por su nombre, eso no es defender la soberanía, es ponerle una condición a la democracia. La soberanía no la amenaza un anuncio de campaña. La amenaza pretender que un resultado electoral solo vale si el perdedor da el visto bueno.

Hay algo más, casi de memoria histórica

Colombia coopera con Estados Unidos en seguridad desde hace décadas. Somos socios globales de la OTAN desde 2018, los únicos de América Latina; en 2022 nos declararon aliados estratégicos por fuera de la OTAN; antes estuvo el Plan Colombia. Y lo más diciente... ni siquiera Petro rompió con eso. Su propio Ministerio de Defensa mantuvo —y hasta afianzó— la relación con la Alianza Atlántica. Si cooperar con los gringos en inteligencia y contra el narcotráfico fuera entregar la patria, la habríamos entregado hace veinticinco años, con gobiernos de todos los colores, incluido el del partido de Cepeda.

La diferencia entre cooperar y arrodillarse no está en cooperar; está en lo que diga el papel que se firme. Y ese papel, en el caso del «Escudo», todavía no existe.

Conclusión

Que quede claro... no estoy diciendo que haya que firmar el «Escudo» con los ojos cerrados, ni que uno no deba vigilar a quién se le entrega un fusil y para qué. Vigilar está bien; es nuestro deber de ciudadanos. El día que haya un acuerdo de verdad, con letra y con firma, ahí sí habrá que exigir que el Congreso, el Senado y la Corte hagan su trabajo en serio y no de adorno.

Pero una cosa es vigilar y otra muy distinta es desconocer a un presidente antes de que gobierne, por un fantasma.

Si De la Espriella lleva cualquier adhesión al «Escudo» al Congreso y a la Corte, como manda la Constitución, a Cepeda no le quedará de qué agarrarse. Y si no la lleva, también para eso están las instituciones... no la calle, ni la amenaza de no reconocer lo que el país decidió en las urnas. En democracia, el que confía en las reglas las usa. El que no, las cambia por consignas.

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