viernes, 10 de julio de 2026

LA REGISTRADURÍA, ESA AGENCIA DE VIAJES QUE LO LLEVA A UNO A LA CASA DE NARIÑO

                     

"Cuando mi candidato gana, 
es la voluntad del pueblo.

Cuando gana el suyo, 
es la Registraduría.

Cuando no gana nadie,
 es culpa del arbitro, del clima

y de la señora que vendía empanadas
 afuera del puesto de votación."

Manual del Perdedor Ilustrado,
 edición de bolsillo, capítulo único.








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LA REGISTRADURÍA, ESA AGENCIA DE VIAJES 
QUE LO LLEVA A UNO A LA CASA DE NARIÑO


I. EL MEME QUE ME LLEGÓ (Y QUE SEGURO LE LLEGÓ A USTED)

Circula por estos días una imagen con la foto de Rodrigo Lara y dos frases apiladas una encima de la otra, como quien apila un ladrillo y un merengue esperando que el lector no note la diferencia de materiales.

La primera frase, entre comillas: "Rodrigo Lara: 'De la Espriella puede vencer a Cepeda en primera vuelta'".

La segunda frase, sin comillas, pegada debajo con el disimulo de un polizón: "Sin llenar plazas la registraduría se encarga del triunfo".

Y remata la obra un inocente "¿Qué opinas?", que es la forma elegante que tienen los memes de decir: "haga usted el trabajo sucio de difundir esto que a mí me da pena firmar".

Pues bien... opino. Para eso me preguntaron.

II. LA PARTE VERDADERA (QUE ES, JUSTAMENTE, LA QUE MENOS IMPORTA AL MEME)

La cita de Lara es real. La dijo en entrevista con María Isabel Rueda, en El Tiempo, el 20 de abril de 2026, en plena campaña. La repitió después en Semana y en Emisora Atlántico, con cifras y todo: que Abelardo venía creciendo "como una bola de nieve", que estaba a cuatro puntos de Cepeda,que la campaña de Paloma se desinflaba.

En ese momento las encuestas le daban la razón a los escépticos: AtlasIntel ponía a Cepeda con 38%, a De la Espriella con 29,9%. Lara hizo lo que hace todo aliado de campaña: una predicción optimista. Solo que esta vez —oh, escándalo— la predicción se cumplió.

Y aquí viene lo maravilloso del meme...convierte el acierto en delito.

Porque en la lógica del creador anónimo, acertar una predicción electoral no es señal de buen olfato político. Es señal de que uno ya sabía el resultado. Como el que acusa al meteorólogo de haber mandado la lluvia.

III. LA PARTE INVENTADA (QUE ES, JUSTAMENTE, LA QUE EL MEME QUIERE QUE USTED RECUERDE)

La segunda frase —"la registraduría se encarga del triunfo"— no la dijo Lara. No la dijo nadie con nombre y apellido. La dijo el meme. Y los memes, como es sabido, gozan de una inmunidad procesal envidiable: no declaran ante el Consejo de Estado, no aportan formularios E-14, no presentan testigos. Solo insinúan y se van, como el que toca el timbre y corre.

Analicémosla con la seriedad que no merece...

La acusación es que la Registraduría "fabricó" un triunfo. Prueba aportada...ninguna.

Formulario alterado...ninguno. Testigo electoral...ninguno. 

Demanda con evidencia... ninguna que respalde ESTA dirección del fraude.

Lo que hay es un razonamiento impecable en su circularidad..."mi candidato no ganó, ergo hubo fraude, ergo no necesito pruebas, porque el fraude explica que no haya pruebas". Un sistema filosófico completo. Autosuficiente. Hermético. Inútil.

Y el criterio probatorio estrella... "sin llenar plazas". Ah, las plazas. Ese censo electoral paralelo donde cada asistente vale por tres votos, dos selfies y un tamal. Si las plazas eligieran presidentes, gobernaría el que tenga la mejor tarima y el sonido más potente. El voto, lamentablemente para los organizadores de eventos, sigue siendo secreto, individual y se deposita en una urna, no en una tribuna.

Recordemos, además, un detalle histórico incómodo...campañas con plazas desbordadas han perdido elecciones, y campañas de puerta a puerta, de redes y de territorio silencioso las han ganado. Aquí y en todo el hemisferio.

Confundir el ruido con los votos es exactamente el error de cálculo que cometieron los que hoy necesitan que la culpa sea de la Registraduría.

IV. EL DETALLE QUE EL MEME OLVIDÓ (QUÉ PENA RECORDÁRSELO)

Hay una ironía tan grande en esta pieza que merece párrafo propio. Resulta que el único de los personajes involucrados que SÍ presentó denuncias formales sobre anomalías electorales, con datos verificables, fue precisamente... Rodrigo Lara. Pero en la dirección contraria...patrones atípicos de votación superior al 70% en más de 110 municipios que coinciden con las alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo por presencia de grupos armados, a favor del candidato Cepeda.

Es decir... el meme usa la cara de Lara para insinuar un fraude a favor de De la Espriella, cuando Lara es quien documentó indicios de irregularidades a favor del contrario. Es como usar la foto del bombero para promocionar el incendio.

Uno quisiera preguntarle al autor anónimo... ¿revisamos también esas 110 votaciones atípicas, o las irregularidades solo nos interesan cuando apuntan hacia donde nos conviene? Porque la veeduría electoral, como la gravedad, funciona en todas las direcciones o no funciona.

V. POR QUÉ ESTO IMPORTA (MOMENTO DE SERIEDAD, DISCULPEN)

Bajemos un momento el tono, porque el fondo no es chistoso.

Deslegitimar una elección sin pruebas es un ácido que corroe parejo. Hoy lo vierte un bando; mañana, con la misma receta, lo vierte el otro. Y cuando todos los resultados son "fraude" según quien pierda, ya no queda elección que valga, ni institución que arbitre, ni democracia que defender.

Quien tenga pruebas de fraude —de cualquier fraude, a favor de cualquiera— tiene un deber ciudadano... llevarlas al Consejo de Estado, a la Fiscalía, a la veeduría. Quien no las tenga y aun así publique memes acusando, no está haciendo denuncia. Está haciendo propaganda con disfraz de indignación.

Yo, como veedor, aplico una sola regla y la aplico parejo... evidencia o silencio. Si mañana las dudas favorecen a mi candidato, exigiré los mismos formularios, los mismos testigos, las mismas demandas. Esa es la diferencia entre fiscalizar y despechar.

CONCLUSIÓN

El meme junta una cita verdadera con una acusación inventada, esperando que la credibilidad de la primera contagie a la segunda. Es el viejo truco de sentar al invitado de honor junto al colado para que ambos parezcan de la familia.

La cita de Lara es real, verificable y —para mayor vergüenza del meme— terminó siendo profética. La insinuación sobre la Registraduría es un añadido anónimo, sin una sola prueba, que confunde plazas con urnas y despecho con evidencia.

Así que, respondiendo al "¿Qué opinas?" con el que cierra la imagen... opino que quien tenga pruebas las presente, que quien no las tenga deje de fabricar memes, y que la Registraduría, hasta donde consta en el expediente —que es el único lugar donde constan las cosas—, no es una agencia de viajes a la Casa de Nariño. Los tiquetes, en democracia, se siguen comprando de a un voto por persona.

Y esos, hasta nueva orden, no se depositan en las plazas.

EL CASTILLO DEL POLITIQUERO | GRITAR DESDE EL PATIO, ESCONDERSE EN LA TORRE

 

«Yo nunca dije lo que dije. 
Y si lo dije, lo que quise decir fue otra cosa. 
Y esa otra cosa, 
dígame usted quién puede estar en desacuerdo.»
Politiquero anónimo, en cualquier plaza,
 en cualquier año electoral






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EL CASTILLO DEL POLITIQUERO
 GRITAR DESDE EL PATIO, ESCONDERSE EN LA TORRE

Sobre la falacia motte-and-bailey, o el arte de prometer en grande 
y defender en chiquito.


Introducción

Hay una mudanza que el politiquero criollo ejecuta con más agilidad que cualquier trasteo de fin de mes... la mudanza entre lo que grita en la tarima y lo que defiende cuando le piden cuentas. 

La teoría de la argumentación le tiene nombre a esa maniobra...la falacia motte-and-bailey. Y aunque el nombre suene a queso francés, es en realidad una estrategia medieval de castillos que hoy se practica, con entusiasmo renovado, en el debate público colombiano.

UN CASTILLO CON DOS LUGARES

En la Edad Media, ciertos castillos tenían dos partes. El bailey era el patio amplio y fértil...ahí estaba la vida buena, los cultivos, el comercio. Pero era indefendible. El motte era una torre estrecha e incómoda sobre una colina... nadie quería vivir ahí, pero era casi imposible de tomar por asalto.

El señor feudal vivía en el patio. Cuando llegaba el enemigo, corría a la torre. Cuando el enemigo se aburría y se iba, bajaba de nuevo al patio como si nada hubiera pasado.

En el debate público funciona igual. El politiquero lanza una afirmación grande, atractiva y difícil de sostener (el patio). Cuando alguien la cuestiona con datos, se refugia en una versión modesta, obvia, que nadie en su sano juicio negaría (la torre). Y apenas el crítico se distrae, vuelve a repetir la afirmación grande como si ya la hubiera defendido.

EL TRASTEO EN ACCIÓN | TRES EJEMPLOS DE PLAZA PÚBLICA

El truco no tiene ideología... se practica con igual destreza a la izquierda, a la derecha y en ese centro que nunca se sabe dónde queda. Veamos tres ejemplos genéricos, sin nombre propio, porque el lector sabrá ponérselo:

Ejemplo 1 — El patio: «El sistema de salud es un negocio criminal que hay que acabar de raíz.» La torre (cuando le muestran las cifras de cobertura): «Yo solo digo que el sistema tiene fallas y hay que mejorarlo.» ¿Quién puede negar que el sistema tiene fallas? Nadie. Pero eso no prueba que haya que dinamitarlo.

Ejemplo 2 — El patio: «Con mano dura acabamos la delincuencia en seis meses.» La torre (cuando le preguntan por el plan concreto): «Yo solo digo que la seguridad debe ser una prioridad.» Claro que debe serlo. Pero la prioridad no era lo prometido: lo prometido era el milagro con cronograma.

Ejemplo 3 — El patio: «Esta administración es la más corrupta de la historia.» La torre (cuando le piden las pruebas): «Yo solo digo que la ciudadanía tiene derecho a hacer veeduría.» Por supuesto que lo tiene —este blog vive de ejercerlo—. Pero la veeduría exige evidencia, no superlativos.

Nótese el patrón: la frase de tarima cosecha aplausos, indignación y votos. La frase de torre solo sirve para sobrevivir al contradictor. Son dos afirmaciones distintas disfrazadas de una sola, y el politiquero cobra el premio de la grande pagando apenas el precio de la chiquita.

POR QUÉ FUNCIONA (Y POR QUÉ NOS FUNCIONA)

La maniobra prospera por tres razones. 

Primera: la memoria del auditorio es corta y la del algoritmo, más. El video viral registra el grito del patio; la aclaración de la torre sale en una entrevista que nadie ve. 

Segunda: el crítico queda en posición incómoda, porque atacar la versión de la torre lo hace ver como un exagerado que pelea contra obviedades. 

Tercera —y esta es la incómoda—: al elector le gusta el patio. La afirmación grandiosa emociona; la matizada aburre. El politiquero no engaña a un público inocente... le vende exactamente el castillo que el público quiere comprar.

CAJA DE HERRAMIENTAS DEL CIUDADANO
CÓMO DESALOJAR EL CASTILLO

La buena noticia es que la falacia se desarma con una sola pregunta, formulada con calma y repetida con paciencia: «¿Cuál de las dos cosas está usted afirmando: la fuerte o la débil?»

Si responde que la débil, se le concede de inmediato —conceder lo obvio es de buen argumentador— y se le anota en el acta... entonces la promesa de tarima queda retirada. Si responde que la fuerte, se le exige la carga de la prueba que la afirmación fuerte requiere. Lo que no se le permite es el trasteo permanente entre las dos, porque ahí es donde vive el truco.

Y un consejo adicional para quien debate en redes...la respuesta no es para el politiquero —él ya sabe lo que hace—, es para la audiencia que lee. Nombrar la maniobra en voz alta («esto es un motte-and-bailey: promete el patio y defiende la torre») le entrega al público un lente que ya no podrá quitarse. Una vez usted ve el castillo, lo ve en todas partes.

CONCLUSIÓN

El motte-and-bailey no es un accidente retórico... es un modelo de negocio. Permite cosechar el rédito electoral de la promesa desmedida sin asumir nunca el costo de defenderla. Y sobrevive porque el debate público premia el volumen sobre la precisión.

La defensa ciudadana no requiere títulos en lógica... requiere memoria y una pregunta.

Memoria, para no dejar que la aclaración de la torre borre el grito del patio. Y la pregunta de siempre: ¿cuál de las dos cosas me está diciendo? Un electorado que aprende a distinguir el patio de la torre es un electorado al que ya no le pueden vender castillos. Y ese, precisamente, es el tipo de ciudadanía que este espacio quiere ayudar a formar... la que no se conforma con el eslogan, porque aprendió a preguntar por los planos.

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