Si usted es de esos ciudadanos que todavía cree que las elecciones son un ejercicio solemne de soberanía, es porque no ha salido a la calle un domingo de comicios en Polombia. En las inmediaciones de los puestos de votación, se manifiesta un fenómeno sociolingüístico fascinante: la proliferación del "activista de esquina", ese operador político de "última milla" que se sitúa estratégicamente para ejercer una labor que oscila entre el asedio, el ruego y la entrega masiva de basura publicitaria.
El rey absoluto de esta selva de cemento es, sin duda, el "Chulo de Urna". Como buen buitre (chulo), este personaje no vuela; sobrevuela el centro de votación esperando a que el sufragante parezca confundido, indeciso o "vulnerable" para lanzarse en picada con su propuesta. Es un experto en detectar la "presa" —como llaman sarcásticamente al votante independiente— antes de que este logre cruzar la línea de seguridad.
La "Teoría del Mariachi" aplicada al volanteo
El Chulo de Urna no entiende de sutilezas. Su método se basa en lo que los expertos llaman la "Teoría del Mariachi": le invade a usted el espacio físico y visual, entregándole un papelito rápidamente sin siquiera mirarlo a los ojos, tal como el músico que reparte tarjetas a toda prisa en una serenata. Este "Robot de Campaña" repite una frase mecanizada ("Vota por el 102") sin capacidad de diálogo, convirtiéndose en un "Repartidor de Basura" profesional, dado que la mayoría de sus volantes terminan decorando el suelo a los pocos metros.
Una taxonomía de la mendicidad política
Para el Chulo de Urna, el voto no es un derecho, es una limosna. Por eso se le conoce también como el "Pordiosero de Curul", aquel que pide el apoyo electoral con una angustia digna del "Tío Agonías", sufriendo por cada voto que se le escapa hacia la urna sin su mediación. En este zoológico democrático, también encontramos variedades regionales:
El Chichipato del Voto: Ese espécimen que aguanta sol todo el día a cambio de una recompensa insignificante, usualmente un "tinto y una empanada".
El Visajoso de la Esquina: Aquel que hace movimientos exagerados y sospechosos (visaje) para llamar su atención, fingiendo una importancia que nadie le dio.
El Mochilero: El mercenario que no está allí por convicción, sino para "arrear" votantes y cargar paquetes de votos hacia su "clan" o patrón de turno.
La mutación digital: El Buitre de Cédulas
Incluso el Chulo de Urna se ha modernizado. Ahora, armado con una tablet, se convierte en el "Scammer de la Registraduría". Su objetivo ya no es convencerlo de una idea (¿para qué?), sino capturar sus datos personales. Este "Buitre de Cédulas" está más interesado en su número de identificación para llenar planillas que en su bienestar ciudadano.
Al final del día, estos personajes son los actores esenciales de un teatro político que el ciudadano prefiere aplaudir con ironía antes que validar con sumisión. Son los "Batman de la democracia" o los "Pomeranians del poder", perros falderos de una maquinaria que los envía a la calle a pelearse por las sobras de la mermelada electoral. Así que la próxima vez que un "Carevolante" le impida el paso, sonría: está usted frente a un ejemplar puro de la fauna que hace que nuestra realidad no sea trágica, sino gloriosamente tragicómica.