jueves, 9 de julio de 2026

LA TRISTEZA PRESTADA | Cómo Se Defiende La Cultura Olvidando Citar Al Autor

 

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LA TRISTEZA PRESTADA 
Cómo Se Defiende la Cultura Olvidando Citar al Autor

Introducción

Hay emociones que nos definen. La alegría del gol agónico, la nostalgia del aguacero en tierra fría, la indignación del peaje que sube en enero. Son nuestras, intransferibles, hechas a la medida del alma de cada quien.

O eso creía yo, hasta que el pasado 3 de julio, a las 10:40 de la mañana, el señor Julio César  publicó en Facebook que le era "imposible no sentir una profunda tristeza" por la anunciada fusión de los ministerios de Cultura y Deporte. Un texto sentido, en primera persona, con hashtags y corazón partido incluidos.

Tres días después —el 6 de julio, a las 11:16 de la mañana— esa misma profunda tristeza apareció publicada en el muro del señor Oskar Javier Sarmiento, activista de la causa petrista-cepedista. Palabra por palabra, coma por coma, hashtag por hashtag, fotografías incluidas. Sin comillas. Sin crédito. Sin un modesto "comparto estas palabras de". La tristeza llegó a su muro como llegan las cadenas de WhatsApp... huérfana de autor y lista para adoptar.

Aclaro, porque en esto soy cuidadoso... no sé —y por eso no lo afirmo— si el texto viajó directamente de un muro al otro, o si ambos lo tomaron de alguna cadena que circula por los grupos del sector cultural. Para el caso da lo mismo. Lo verificable, y de ello conservo las capturas con fecha y hora, es esto... el mismo texto, presentado como sentir propio, apareció en ambos muros con tres días de diferencia y sin atribución alguna en el segundo. Sobre ese hecho, y solo sobre ese hecho, opino lo que sigue.

UNA EMOCIÓN DE SEGUNDA MANO

Detengámonos en la maravilla filosófica del asunto. El texto no dice "me preocupa la fusión", que sería opinable. Dice que es imposible no sentir una profunda tristeza. Y tan imposible sería no sentirla, que al parecer ni siquiera hizo falta sentirla... bastó con copiarla. La tristeza ajena, debidamente pegada, rinde igual en el algoritmo.

Es un avance notable para las ciencias del espíritu. Ya no hace falta emocionarse...basta seleccionar, copiar y pegar la emoción de otro. Marx decía que la historia ocurre dos veces, primero como tragedia y luego como farsa. Faltó la tercera...como publicación replicada.

#LACULTURASERESPETA (CONDICIONES Y RESTRICCIONES APLICAN)

Pero la joya de la corona es otra. El texto en cuestión proclama, con toda solemnidad, que "la cultura no es una mercancía" y cierra con el hashtag #LaCulturaSeRespeta. Hermoso. Conmovedor. Y sin embargo, ¿qué gesto es más elemental en el respeto a la cultura que reconocer a quien crea? Dar crédito no es un capricho notarial... es la forma mínima en que una sociedad le dice a quien escribe "esto que hiciste vale, y es tuyo".

En mi opinión, defender la cultura publicando como propio un texto ajeno es como dar cátedra de ortografía con faltas en el tablero...el gesto desmiente la pancarta. Si la cultura se respeta, que el respeto empiece por el señor Julio Cesar, quien al menos se tomó el trabajo de redactar su tristeza antes de publicarla.

Y YA QUE ESTAMOS | EL ARGUMENTO TAMPOCO ERA PARA TANTO

Sería injusto quedarme en la forma, así que vamos al fondo del texto tan entusiastamente replicado. Su tesis es que sin un Ministerio de Cultura "fuerte e independiente" los territorios quedan huérfanos. Tres datos que la tristeza, propia o prestada, olvidó consultar:

Primero. Ese ministerio fuerte e independiente pasó de ejecutar más del 93% de su presupuesto en 2022 a apenas el 64% en los años recientes. El del Deporte cayó al 36%. Es decir: el arreglo institucional que el texto defiende como salvavidas de los territorios estaba dejando sin ejecutar una de cada tres pesetas de cultura y dos de cada tres de deporte. Los territorios no comen organigrama... comen ejecución.

Segundo. El ahorro proyectado de la fusión ronda los $25.000 millones sobre un presupuesto combinado superior a $1,3 billones: menos del 2%, concentrado en altos cargos y contratistas. El anuncio oficial es explícito en que bibliotecas, convocatorias e infraestructura se mantienen. Se puede desconfiar de esa promesa —y habrá que vigilarla con el decreto y el presupuesto 2027 en la mano—, pero desconfiar de una promesa y denunciar un recorte inexistente son dos ejercicios distintos. Solo uno de los dos es honesto.

Tercero. Colombia solo tiene Ministerio de Cultura desde 1997. Las bandas municipales, las bibliotecas y los saberes que el texto invoca sobrevivieron décadas enteras bajo Colcultura, sin cartera propia. Si la identidad de un pueblo dependiera de un decreto de estructura administrativa, sería bastante menos identidad de lo que el propio texto proclama.

CONCLUSIÓN

No escribo esto para burlarme de nadie —bueno, quizás un poquito—, sino para señalar dos cosas que importan más que la anécdota.

La primera: el debate público se degrada cuando la indignación se vuelve plantilla. Una "profunda tristeza" que circula en serie, idéntica de muro en muro, no es deliberación democrática: es consigna con disfraz de sentimiento. Y las consignas, por definición, no piensan.

La segunda: los territorios —el mío, Guasca, y todos los demás— merecen mejor que este nivel de discusión. Merecen que quien defienda la cultura ejecute presupuestos, cite fuentes, verifique cifras y, ya de paso, reconozca autores. La transformación de los territorios no se hace con tristezas copiadas...se hace con argumentos propios y datos en la mano.

Que sea el señor Sarmiento quien lo demuestre en su próxima publicación. Con sus propias palabras, ojalá.

Nota del autor

Las capturas de ambas publicaciones, con fecha y hora visibles, reposan en mi archivo. Lo aquí expresado sobre la conducta descrita constituye mi opinión sobre un hecho de interés público. Este espacio permanece abierto, como siempre, a la réplica de los aludidos... será publicada íntegra y sin edición.

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