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HILOS SUELTOS RELACIONADOS
1. El Comandante de la Policia De Guasca Le Realiza LLAMADOS DE ATENCION A Dos(2) Concejales Del Municipio2. EL REGLAMENTO INTERNO Del Concejo Municipal de Guasca
ACTUALIZACIONES:
1.
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¿Representantes del pueblo o vergüenza pública?
El silencio de los concejales Implicados
IntroduciónLa investidura de un concejal no es un cheque en blanco para el desenfreno, sino un compromiso sagrado de representación y servicio a la comunidad. Sin embargo, los hechos recientes protagonizados por algunos cabildantes de nuestro municipio no solo empañan el nombre de la corporación, sino que constituyen una bofetada a la confianza de quienes los eligieron para ser ejemplo ante la sociedad.
Es indignante que, según los reportes oficiales del Comandante de la Policía, existan registros de concejales llegando a la estación a las 11:30 de la noche en estado de alicoramiento, vociferando e increpando a las autoridades. Aún más grave es el reporte de un cabildante interfiriendo en las labores de seguridad (plan baliza), exigiendo que se apagaran las luces de patrullaje, y otro más siendo captado ingiriendo bebidas alcohólicas en el espacio público, infringiendo el Decreto 037. Estas acciones no son simples "errores personales"; son violaciones directas a su deber de actuar con rectitud y respeto hacia las personas y las normas que ellos mismos deberían ayudar a hacer cumplir.
Un reglamento que exige dignidad
El Reglamento Interno del Concejo es claro. En su Artículo 23, los concejales juran ante Dios y prometen al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes. ¿Dónde queda ese juramento cuando se utiliza la condición de concejal para intentar pasar por encima de la autoridad policial? El Artículo 44 establece como deberes imperativos el respetar el presente reglamento y tratar con respeto e imparcialidad a todas las personas con las que tengan relación por razón de su servicio.
El mal comportamiento de unos pocos está arrastrando la imagen de toda la corporación en pleno. Como bien lo señaló uno de sus colegas en plenaria, el comportamiento de un concejal debe ser impecable, pues para eso fueron elegidos: para dar ejemplo. No obstante, parece que para algunos, la dignidad del cargo se disuelve en un vaso de licor.
El muro del silencio
Lo más decepcionante de este espectáculo es el silencio posterior. Hasta el momento, no ha habido una sola explicación clara ante la plenaria del Concejo ni una disculpa pública dirigida a la comunidad que se siente traicionada. Este mutismo es una falta de respeto a los principios rectores de la función administrativa que, según el Artículo 13 del reglamento, deben regir todas sus actuaciones.
Si bien el reglamento actual contempla sanciones por desórdenes dentro del recinto, es urgente la propuesta de modificar el reglamento interno de trabajo para dejar estipuladas sanciones severas ante comportamientos indecorosos fuera de él que afecten la legitimidad de la institución.
La comunidad no puede seguir siendo testigo pasivo de cómo quienes ostentan el poder local se comportan como si estuvieran por encima de la ley. Exigimos cuentas claras. Un concejal que no sabe manejar su comportamiento en público, difícilmente podrá manejar con ética los destinos de nuestro municipio. Es hora de que el Concejo deje de proteger a los suyos bajo el manto de la omisión y empiece a actuar con la autoridad moral que la ciudadanía les reclama.

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